domingo, 30 de noviembre de 2025

SABIAS, ASTUTAS 

E IMPRUDENTES


GALERÍA DE VIEJAS

DE LOS CUENTOS POPULARES



Muchas explicaciones sobre el origen de los relatos populares giran en torno al papel de las mujeres. La antropóloga Kristen Hawkes plantea la hipótesis de que, liberadas por la biología del mandato de reproducirse, las mujeres posmenopáusicas de la prehistoria continuaban apoyando la crianza; una de sus funciones consistía en transmitir los saberes acumulados, entre los cuales es muy probable que estuvieran aquellos relatos que explicaban su mundo. Marina Warner, una estudiosa de los cuentos de hadas, asocia la producción de historias orales con esas actividades cotidianas y repetitivas que llevaban a cabo las mujeres; la preparación de los alimentos, la conservación de los granos y el lavado de la ropa constituían el marco ideal para esas comunicaciones. Pero una actividad en particular suscita el nexo entre mujeres y relatos: la del hilado y el tejido, cuyo vocabulario impregna la experiencia de contar historias: el discurso que se "borda" y la trama que se "urde" dejan ver ese vínculo, como sospecha Irene Vallejo.

No resulta extraño, entonces, que las viejas tengan una presencia marcada en los cuentos populares, transmitidos oralmente de generación en generación. Ellas casi nunca son protagonistas. Suelen aparecer en el camino o en una casa en medio del bosque, para ayudar a un personaje en su empresa o para ponérsela bien difícil. En unos cuantos casos, pierden sus poderes y se presentan vulnerables, que también hay derecho a eso. Vamos a conocerlas en esta galería de viejas de cuento. 

"El yerno serpiente"

Vive en una barraca en medio del monte y conoce de bandidos que raptan a mujeres solas e indefensas. La primera vieja de este recorrido aparece en un cuento popular japonés. Durante la noche, brinda su hospitalidad a una joven que llama a su puerta. La muchacha recién ha escapado de una serpiente con la que su padre la había casado y ahora vaga por el camino. El amor filial le impide regresar a casa, pues ha desobedecido el mandato paterno.

Al día siguiente, la señora le obsequia una "piel de vieja" sucia y arrugada. Con ella podrá protegerse de las miradas y las intenciones lascivas de los hombres y luego ocupará uno de los últimos lugares en una casa donde entra a servir. Esta vieja compasiva y sabia no solo ayuda a la muchacha a evitar el peligro y salir adelante en la vida; también comparte con ella su experiencia de ser invisible a los ojos del mundo.

Ilustración de Warwick Goble (1862-1943)


"La pastora de ocas en la fuente"

En lo alto de una montaña, habitan una anciana y una joven fea y tosca que cuida sus gansos. La presencia de aquella no pasa inadvertida para los aldeanos; cuando se la encuentran en el camino, la esquivan con temor y previenen a los niños de esa hechicera. Pero no todo es como luce: ni la vieja abriga malas intenciones ni es hija suya la muchacha. La pastora de ocas es, en realidad, una princesa expulsada injustamente de palacio, quien oculta su verdadera identidad bajo una piel que le ha dado la vieja.

Tres años han pasado y es hora de que la chica vuelva a ser quien era. Pero el trabajo aún no está completo. En una actitud de celestina, la anciana sale a buscarle pareja. La imagen de abajo muestra parte de la prueba a que sometió a un muchacho bien parecido, perteneciente a la nobleza, compasivo y capaz de llevar una pesada carga hasta lo más empinado del trayecto.

Imagen de Robert Leinweber (1893)


"Madre Nieve"

Las viejas de los cuentos populares no siempre regalan sus dones. Como acabamos de ver, algunas ponen a prueba a los otros personajes. Tal es el caso de Madre Nieve, una anciana de dientes grandes con poderes tales que domina hasta la naturaleza misma. A su casa llega una joven que demuestra compasión y realiza con diligencia la tarea que le impone la señora: sacudir la cama para que vuelen sus plumas y la nieve caiga sobre la tierra; al final, su esmero se ve recompensado con una lluvia de oro. Su hermanastra, en cambio, recibe un baño de pez por su actitud cruel y negligente.

Imagen de Otto Ubbelohde (1867-1922)

Esta vieja de cuento posee unos orígenes llamativos. Se remontan al paganismo de ciertas zonas germanas y del este de Europa, donde existía la creencia en un personaje que otorgaba recompensas o imponía castigos a las personas según fuera su disposición hacia el trabajo. Se dice que Frau Perchta, a quien observamos en la imagen siguiente, recorría los caminos con su séquito de diablillos para premiar con una moneda de plata la laboriosidad o castigar arrancándoles las tripas a quienes les hubiera ganado la pereza. Finalmente, la tradición la fue dulcificando hasta llegar a la figura que cobró vida en Madre Nieve. Tremendo cambio, ¿no?

Fotografía de Holger Wue Schmitt
(2017 en Wikimedia Commons bajo licencia Creative Commons
Attribution-Share Alike 4.0 International)

"Vasilisa la Bella" y "El príncipe Danilo"

La presentación de Frau Perchta nos sirve de enlace con nuestra próxima vieja: la bruja. Jack Zipes, experto en cuentos de hadas, señala que los relatos donde figuran personajes de este tipo son herederos de costumbres paganas y mitos grecorromanos. Añade este autor que las figuras con poderes mágicos que aparecían inicialmente en los mitos se fueron transformando en brujas, hadas y otras criaturas. Esto obedece a la expansión del cristianismo, que satanizó la magia, a la vez que la hechicería y el mal se asociaron con mujeres viejas.

Una de las brujas más famosas en el cuento popular es la Baba Yaga, quien viaja en un mortero, como podemos apreciar en la pintura de Iván Bilibich. Es tan poderosa que domina los fenómenos naturales. Aunque posee una faceta benevolente, también puede actuar con crueldad devorando a sus víctimas. Dos cuentos donde aparece la Baba Yaga son "Vasilisa la Bella" y "El príncipe Danilo".

Ilustración de Iván Bilibin (1876-1942)


"El diablo y su abuela"

Si sabe más el diablo por viejo que por diablo, ¡imaginen cuánto más sabia y astuta podrá ser su abuela! Es más vieja que Matusalén y vive con su nieto en una choza de piedras en el bosque. Llevan una buena relación: ella le prepara y sirve los alimentos, mientras conversan acerca de las almas conquistadas durante el día. Esa cordialidad no le impide traicionar a su nieto cuando es más grande su compasión. 

Así sucedió cierto día en que llamó a su puerta un soldado quien, junto a otros dos desertores, le debía su alma al demonio. La vieja se compadeció de él y le pidió que entrara en una bodega; de esta forma, pudo escuchar cómo el diablo le contaba a su abuela la solución del acertijo que los soldados debían responder a fin de conservar su vida.

Imagen de Maurice Sendak (1973)


"La bella durmiente del bosque"

Es una de las siete hadas del bosque, pero no se destaca por socializar: lleva más de cincuenta años encerrada en una torre. Como no se la ha vuelto a ver, dicen las malas lenguas que o ha venido a buscarla la muerte o es víctima de un hechizo. Por esa razón no la tomaron en cuenta aquel día en que el rey dio un gran festín con motivo del bautizo de su anhelada hija. El desaire sufrido la hizo perder las buenas maneras y mostrar la otra cara de las hadas: la venganza. Fue esta vieja olvidada, lastimada, invisibilizada, quien profirió la maldición que originó una de las narraciones más conocidas de princesas cautivas de un sueño cercano a la muerte o, en términos más sofisticados, de princesas narcolépticas. La presencia de esta hada en la historia de los cuentos populares nos enseña que las viejas también pueden ser temperamentales. 

Tomada de Ririro.com

Y de ser temperamental a ser imprudente hay un solo paso.


"Caperucita Roja"

La casa de la abuela está muy dentro del bosque. Blanca Álvarez, otra estudiosa de los cuentos de hadas, afirma que esa ubicación quiere decir que el recorrido sexual de la señora está completo. Un quebranto de salud la obliga a tomar cama, mientras su nieta recorre el bosque para llevarle una merienda. Caperucita, como la conocen todos, va advertida de no hablar con desconocidos; pero el panorama que le presenta el lobo acerca de su estancia en ese lugar es tan sugerente, que decide tomarse un tiempo para disfrutar tanta belleza. Mientras tanto, la abuela es engañada por el lobo, quien la devora.

Grabado de Imagery Pellerin-Epinal (finales S. XIX)

Mucho se ha comentado acerca del despertar sexual y la travesía de Caperucita como rito de iniciación, pero ¿qué pasa con la señora? En una cultura donde la sexualidad de la gente vieja es un tabú, el caso de la abuela de Caperucita puede ser motivo de inquietud, de curiosidad, sobre todo si leemos la versión de Perrault, donde no existe cazador que salve a nadie.

¿Esta vieja de cuento se halla marcada solo por el signo de la impertinencia, de la impulsividad, o podemos pensarla de otras formas?


Terminamos este recorrido por nuestra galería de viejas con este hermoso texto de Patricia Esteban Arlés: 

"La vieja solo se sabe un cuento, pero es el mejor de todos. Se relame de gusto mientras pela patatas duras como piedras, pensando que ella es la dueña de esa historia. La vieja da un puntapié al gato negro que se asoma a su cocina, sin dejar de evocar por un instante ese comienzo capaz de apresar cualquier alma. Ella, que apenas recuerda el día en que vive, se sabe un cuento letra a letra, palabra a palabra".


SABIAS, ASTUTAS  E IMPRUDENTES GALERÍA DE VIEJAS DE LOS CUENTOS POPULARES Muchas explicaciones sobre el origen de los relatos populares gira...